A VICEIRA

Turno

Día tras día, sin que nadie recuerde desde cuando, se mantiene la tradición -quizás desde siglos atrás-, y con el único propósito de ganar tiempo, al llegar las diez y las once de la mañana en época de invierno, tres pastores, siguiendo un riguroso turno, conducen y cuidan en el monte durante todo el día las ovejas y cabras del vecindario. Provistos de "a caravela", comida para la jornada, perros y bastón, los tres pastores a los que les toca "a viceira" serán los máximos responsables de lo que le ocurra al rebaño.

La forma de realizar este trabajo sigue normas muy estrictas marcadas por la tradición. Los pastores, deben elegir los mejores pastos, llevar a beber a las ovejas y cabras e impedir que las reses se desperdiguen.

En caso de que alguna se atrase al volver a sus respectivas cuadras, deberán esperarla o prestarle todos los cuidados necesarios en caso de encontrarse herida.

Miles de ovejas

Durante la jornada, las ternas de pastores, que en algunos casos guardan más de 1.500 cabezas de ganado, deben preservar el rebaño contra el peor de los enemigos, el lobo. Su obligación marcada por el pueblo, es la de defender los animales del depredador y devolver las ovejas, aunque sean muertas, a la localidad.

La responsabilidad de los pastores ante "a viceira" es tal que una vez rematada la jornada, y en caso de que falte alguna de las ovejas del rebaño, deben volver al monte par encontrarla.

Otro curioso ritual se produce una vez rematada la labor. De regreso al pueblo, los pastores entre comentarios jocosos sobre la jornada suelen entregar el bastón al vecino que tiene turno al día siguiente, siempre con la misma frase "ehí che deixo a roda".

Otra de las curiosidades de esta tradición es la forma de juntar el rebaño.

A media mañana, en algunas localidades, para juntar "a viceira" en una determinada zona del pueblo se toca una de las dos campanas de la iglesia.

La llamada del rebaño

La campana que utilizada para juntar el rebaño se denomina en algunos casos "campana del concello comunal", aunque en otras zonas, como en Videferre, se toca una choca o lata. En Bouses o Espiño son los pastorees los encargados de ir puerta por puerta sacando las ovejas de todo el pueblo para ir al monte. En A Tás, la llamada se hace golpeando con un hierro un trozo de raíl de tren empotrado en la pared de una casa.

 Las diferencias son notables pero, en todos los casos, la hora de juntar el rebaño para salir al monte sirve también para unir a las mujeres -que suelen ser las encargadas de la faena- que aprovechan para comentar lo ocurrido en el pueblo y en las poblaciones de los alrededores. Además, la llamada recuerda la hora a los agricultores que realizan tareas del campo, anunciando la llegada del mediodía

Un día de monte por cada cabra y otro por cada seis ovejas

La vez, o lo que es lo mismo, el turno, se hace en dos formas, una rueda para las ovejas y otra para las cabras. Cada vecino, diez días antes, ya sabe que día le tocará "a viceira", además de cuántos días deberá cuidar del rebaño.

Por cada cabra su dueño tendrá que ir con el rebaño un día, al igual que por cada seis ovejas.

El turno se lleva a rajatabla y si algún vecino trata de ocultar reses -para ir menos días- o trata de saltar la vez, la comunidad, sobre todo las mujeres, una vez que se toque la "hora de las cabras" en la campana, se juntan, le llaman la atención y dejan en medio de broncas las cuentas claras y zanjadas. Si un pastor tiene una oveja más de las fijadas para ir un día al monte en estas poblaciones hay un dicho "por unha nin se vai nin se desquita", pero si pasa dos -o sea 8 ovejas- el vecino tiene la obligación de ir en un turno un día y en el siguiente dos. A partir de doce deberá ir dos días, y así sucesivamente.

Los machos

Otra curiosidad dentro de esta costumbre es el trato a los machos del rebaño, "o castrón" y "o carnerio". Suele haber tres o cuatro para todo el rebaño, que pertenecen a vecinos determinados aunque se consideran de propiedad comunal, pues el propietario queda exento de cuidar los animales en el monte. Los pastores también están en cargados, sobre todo en las épocas de invierno, de cuidar las ovejas que están a punto de parir. En caso de producirse el parto en el monte, deberán, cuidar del animal recién nacido, dándole calor, sin olvidarse de poner a mamar a los más pequeños.

Para que no existan equivocaciones todos los propietarios marcan a sus ovejas con una señal identificativa que impide que se extravíen de vuelta a las casas, aunque cada animal suele acudir por instinto a la cuadra de donde ha salido por la mañana.