A ENCOMENDA DE OSOÑO

Los Sanjuanistas en la provincia de Orense

Una interesante particularidad que también ofrece la historia monacal de la provincia de Orense es la difusión que en ella tuvieron los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, más conocidos con el nombre de Caballeros de Rodas o Caballeros de Malta. Fue una Orden religiosa, primero hospitalaria, después militar y por último con un carácter muy diverso, pues tanto la encontramos al frente de hospitales u hospederías, como atendiendo al régimen espiritual de las feligresías. No hubo Encomiendas ni fundaciones de Sanjuanistas en la provincia de La Coruña, más importantes fueron las de Pontevedra y adquirieron extraordinario nombre sus casas y Encomiendas en las provincias de Lugo y Orense.

En la provincia de Orense fueron conocidas las Encomiendas de Beade, Pazos de Arenteiro, Castrelo de Miño, identificada con la de Ribadavia y la de Osoño. Cuatro centros jurisdiccionales, que no tuvo ninguna de las provincias gallegas, a los que se unieron algunas de las posesiones de los Templarios, al ser disuelta la orden en el año 1311 por el Papa Clemente V. Dependieron de estas Encomiendas numerosas feligresías en las cuales todavía es fácil ver la Cruz de Malta, como prueba de la vinculación que tuvieron con los Sanjuanistas y de la jurisdicción que en ellas ejercían los Comendadores de la Orden.

La Encomienda de Osoño estuvo en San Pedro de Osoño. Tuvo en dicha feligresía un hospital con un amplio coto jurisdiccional que se incrementó al anexionársele todos los derechos de la Encomienda de Castrelo de Miño. Con la reforma monacal la Encomienda de Osoño fue unida a la de Quiroga, provincia de Lugo y con ella también fueron los bienes y derechos de la Encomienda de Castrelo, que estuvo en la iglesia del antiguo Monasterio de Castrelo, en donde se cree que murió envenenado el rey de León, Sancho el Craso, en el año 967. La iglesia de Castrelo fue donada por Fernando II a la Sede de Orense, en el año 1167, y algunos años después ya aparece perteneciendo a la orden de los Sanjuanistas, estableciéndose en ella la Encomienda de Castrelo de Miño, que desaparece al quedar integrada a la de Osoño.

Las Encomiendas de Beade y de Pazos de Arenteiro fueron las que perduraron hasta la desaparición de las Órdenes militares, asumiendo todos los derechos y propiedades que los Sanjuanistas tuvieron en las provincias de Orense y Pontevedra. Corrió a cargo de sus Visitadores Generales la visita de las feligresías que dependían de las mencionadas Encomiendas. Sólo estaban exentas de esta visita y gobierno las feligresías y pertenencias anejas a la Encomienda de Quiroga que asumió el gobierno de las fundaciones de las Encomiendas orensanas de Osoño y Castrelo de Miño

Órdenes militares

Nacidas con una misión específica de defensa del Santo Sepulcro, de los peregrinos que iban a Jerusalén y Santos Lugares, extendieron su radio de acción con motivo de las peregrinaciones jacobeas y de las luchas contra los musulmanes. En el antiguo reino de Galicia dejan una estela de hospitales, hospederías y leproserías en donde acogían a los peregrinos. Una de las Ordenes que adquirió más difusión y bienes fue la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Administraba sus propiedades por medios de Encomiendas: Portomarín, Incio y Quiroga, en la provincia de Lugo, Osoño, Beade y Ribadavia, en la de Orense, Mourentán y Toroño, en la de Pontevedra. La Orden del Santo Sepulcro poseía la Encomienda de Pazos de Arenteiro, en Orense. Los templarios tenían bienes en Amoeiro, Astureses y Moldes. Al ser abolida esta Orden en 1312, pasan, en Castilla, sus bienes a la Corona, que, a su vez, los traspasa a la Orden de San Juan. Las Ordenes españolas están representadas en nuestra provincia en menor medida: la de Santiago, con San Munio de Veiga, Santa María de la Barra y Santa María de Codesedo; la de Alcántara, con la Encomienda de la Batundeira y Armeses.

De los siglos XIII al XV se produce la decadencia de los monasterios. Su prosperidad había despertado la codicia de muchos señores, que intervienen sin empacho en la designación de abades. Las contiendas comunales de Galicia con el despertar de los concejos y sus luchas contra los derechos temporales de los obispos en las ciudades llenan la vida de la Galicia bajomedieval. Surgen en los siglos XIV y XV las encomiendas, verdaderas usurpaciones de los bienes de los monasterios por parte de los grandes señores que pretendían su protección en medio de la inseguridad política de los tiempos. Los abades comendatarios son impuestos desde Roma. Todo aunado precipita la decadencia espiritual y económica del monacato. La relajación de las costumbres no tiene límites. Se abandona el trabajo manual, se vive de las rentas de los foreros y se abandona el estudio.